Fragilidad de cada día

No todos los días me sucede pero SUCEDE.

Puedo estar haciendo cualquier cosa, viajando en el bus, lavando la vajilla, tendiendo la cama, escribiendo, leyendo y de pronto aparece, aparentemente de la nada, aparece y se hace presente su nombre en mi cabeza.

De inmediato quiero saber ¿seguirá vivo? ¿le irá bien? ¿le irá mal? ¿por fin su nueva víctima habrá notado que es un narcisista? ¿lo habrán botado del trabajo? Nunca logro, ni con mi imaginación, responderme a esas preguntas. Me vienen mil formas de navegar por las redes sociales del Dementor y sus suplementos para ver si quizá se me hizo justicia por fin.

He querido buscar justicia viéndole mal, acabado, fracasado y luego me he sentido terriblemente mal por ello. Luego pienso que debo desearle, más bien, toda la fortuna y felicidad del mundo, que su alma esté en paz, que no haga más daño a nadie, que sea feliz... eso, finalmente, me hace sentir débil, hipócrita, injusta con mi propia vida.

En días de fragilidad como aquellos, opto por poner música, cantar a viva voz las canciones más lindas o bailarlas como loca descosida. También opto por entrar a los blog amigos en búsqueda de soporte y de memoria, esa memoria frágil que casi siempre se olvida de todo lo que sufrimos por volver a esas personas. Otra veces me repito: "lo que pasó ha pasado y no lo puedes cambiar, pero tienes un presente lleno de libertad, no lo desperdicies". Siempre termino recordando que la única manera de hacerme justicia es ocupándome de mi propia vida, hacer realidad mis sueños, vivir mi vida en pleno, yo misma.

Somos frágiles pero tenemos un inmenso poder, el poder de hacernos responsables por nuestra propia vida. No hay mejor sensación que tomar decisiones para mejorar nuestra salud, nuestra profesión, nuestras relaciones que sí importan (familia y amistades). Volvamos nuestros pensamientos a nosotros mismos, mirémonos al espejo, amémonos, que nos hace tanta falta volver a mirar nuestros ojos y perdonarnos a nosotros mismos.

Que los dementores no nos roben la sonrisa nunca más. Amén. Y que la fuerza nos acompañe.



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