Fragilidad de cada día
No todos los días me sucede pero SUCEDE. Puedo estar haciendo cualquier cosa, viajando en el bus, lavando la vajilla, tendiendo la cama, escribiendo, leyendo y de pronto aparece, aparentemente de la nada, aparece y se hace presente su nombre en mi cabeza. De inmediato quiero saber ¿seguirá vivo? ¿le irá bien? ¿le irá mal? ¿por fin su nueva víctima habrá notado que es un narcisista? ¿lo habrán botado del trabajo? Nunca logro, ni con mi imaginación, responderme a esas preguntas. Me vienen mil formas de navegar por las redes sociales del Dementor y sus suplementos para ver si quizá se me hizo justicia por fin. He querido buscar justicia viéndole mal, acabado, fracasado y luego me he sentido terriblemente mal por ello. Luego pienso que debo desearle, más bien, toda la fortuna y felicidad del mundo, que su alma esté en paz, que no haga más daño a nadie, que sea feliz... eso, finalmente, me hace sentir débil, hipócrita, injusta con mi propia vida. En días de fragilidad como aquellos,...